
Cuando Chuang Tzu murió, el viento, conmovido por la pérdida, siguió repitiendo sus palabras.
Durante años la brisa habló con la voz del filósofo a todo el que quisiera escucharla.
En cierta ocasión conversó durante todo un día con una mariposa acerca del paso del tiempo, de la fugacidad de la vida y del engaño de los sentidos.
Al final de la jornada el céfiro ignoraba si era la voz de Chuang Tzu la que había hablado a una mariposa o había sido el insecto el que al batir las alas había producído en el viento las palabras de Chuang Tzu.
Durante años la brisa habló con la voz del filósofo a todo el que quisiera escucharla.
En cierta ocasión conversó durante todo un día con una mariposa acerca del paso del tiempo, de la fugacidad de la vida y del engaño de los sentidos.
Al final de la jornada el céfiro ignoraba si era la voz de Chuang Tzu la que había hablado a una mariposa o había sido el insecto el que al batir las alas había producído en el viento las palabras de Chuang Tzu.








